19/9/13

La amargura de Noemí parte I

LA AMARGURA DE NOEMÍ


Dios te prosiga bendiciendo! 

Para hoy vamos a estudiar la amargura, quizá muy famoso pero útil para recordar. Este es el tipo de amargura por la que  pasan o pasamos los hijos de Dios, la cual puede ser muy dañina si no nos apartamos a tiempo de ella.


Vamos a tomar del libro de Rut 1: 20.21


Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.  Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido? 

Son muchas las enseñanzas que se pueden sacar de este pasaje, pero hoy lo que se quiere enfocar es la amargura que llega a nuestra vida y la manera de cómo nosotros podemos caer fácilmente en este estado y lo que podemos hacer para salir de ella. 

El objetivo propuesto es para nuestra educación cristiana, que podamos crecer espiritualmente hasta llegar a la madurez en este camino de Jesús como personas sanas desde nuestro interior.  


Manos a la obra!


I
La amargura es una tristeza, aflicción, una mala experiencia/vivencia que se ha quedado en nosotros por un largo tiempo y no ha sido sanada. amargura

Tomando a Noemí, vemos que como una persona normal poseía estabilidad en el sentido de que tenía una familia, hijos, esposo. Salen de su ciudad de origen en busca de un mejor porvenir. Pero en el viaje a ese mejor porvenir, su esposo muere y después sus hijos, quedando solo las nueras.
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Si nosotros pasáramos por una situación así, lo seguro es que hagamos estas preguntas:

Por qué a mí? Qué he hecho mal? Por qué Dios me ha abandonado? Hasta culpáramos a Dios de todo lo sucedido.

Un punto importante es que su amargura no provino por causa del pecado en relación a ella misma. Nosotros hoy día sabemos que todo era parte del plan de Dios, pero ella no lo sabía. Imaginémonos cómo pudo sentirse ella, quedando sola, desprotegida, en una realidad que sin duda produce impotencia, amargura.

La amargura se origina de la siguiente forma:

*Una ofensa que se recibe y no se perdona. Como no se perdona, la ofensa se convierte en ira. Esta ira se convierte en resentimiento. El resentimiento se convierte en amargura. Cuando la amargura se queda se convierte en depresión.


La amargura de Noemí provino por el dolor de haber perdido sus seres queridos y la impotencia de no poder hacer nada para evitarlo. Lamentablemente el dolor es la herramienta que Dios más usa para moldearnos, someternos, cambiarnos.


II
Otro factor que interviene en crear amargura en nosotros es el “vacio”.

En la vida de Noemí de forma física se nota, salió de su casa con su esposo e hijos, pero los perdió. Noemí tuvo la sensación de vacío, de no tener nada, de quedarse sola en la vida y sin ninguna descendencia en esta tierra. El vacío nace en su alma, en su interior.

En lo natural, ella tenía compañía: sus nueras. Una se fue y no podemos decir que no amaba a Noemí y la otra se quedó que fue Rut.

Lo que podemos ver es que aún en la peor circunstancia de vacío en la vida, Dios provee un recurso para nuestro favor y consuelo. En el momento no lo vemos así porque el dolor nos invade y es normal que pasemos por eso. Con  el paso del  tiempo comprenderemos la misericordia de Dios a favor nuestro.

Este vacío estuvo en ella por mucho tiempo por lo que le produjo amargura a su corazón y a su vida.

Cuando perdemos a alguien, ya sea una relación sentimental, en la familia, amistades, y nosotros amamos a tales personas, sino canalizamos bien todas estas emociones llegamos a una amargura, como se mencionó anteriormente, a la depresión.

En este camino de Dios, es muy fácil llegar a sentir disgusto, disconformidad, porque Dios nos procesa de una forma que no entendemos,  no nos responde cuando preguntamos por qué, experimentamos silencio, nos quita algunas cosas o personas de nuestro camino y al no poder arreglar las cosas sentimos una mezcla de disgusto, ira, rencor y amargura.


III
El dolor, el arma más fuerte para el cambio en nosotros. Por qué pasar por el dolor? Por qué sentir aflicción? Por qué las cosas no pueden ser más sencillas?

Porque el corazón del hombre va de continuo al mal, y nos creemos autosuficientes, entonces Dios para demostrarnos que no es así, usa un elemento “x” que para nosotros tenga valor, importancia y nos duela. El dolor somete al hombre/mujer por muy fuerte que sea.

Noemí contuvo su dolor hasta que decidió cambiar su nombre por el de Mara. Su nombre significa feliz o agradable.

Por qué una mujer/hombre si es feliz o agradable cambia su nombre, su carácter? Porque el dolor es fuerte y no se quita como un vestido, un zapato.

Hay una faceta positiva de Noemí, ella reconocía cómo se sentía. Podemos decir tuvo conciencia de sí misma, de la situación que atravesaba, no se negó a ver su realidad.

Este es el primer paso para salir de la amargura: reconocer qué sentimos, qué lo produjo, cuándo ocurrió, con quién. Parece contradicción porque diríamos pero el estar tan consientes nos causa sufrimiento, pero también al hacer conciencia de lo que vivimos nos convertimos en personas con una mejor inteligencia emocional, aptos para ayudar al otro.

 Hay hijos de Dios que sienten un “vacio” en su vida, a pesar de tener a Cristo como su Señor y Salvador, que sienten que no han encontrado ese “algo” que llene su alma, qué podemos hacer? Buscar a Dios en oración, hablarle, pedirle que nos llene, que nos revele lo que hay dentro en el interior, con seguridad que Dios responderá, en Su voluntad, pero como Dios quiere lo mejor para sus hijos, como un buen Padre acudirá al llamado.


IV
La vida de Noemí no termino en tristeza, ella fue redimida, restaurada.

A Noemí lo toco sufrir la decisión que tomó otro no ella, no podemos decir que ella no conocía de Dios, que no conocía los preceptos, ya que en el contexto en que se desenvuelve es en el tiempo de los Jueces, en últimas instancias cada quien hacia lo que mejor le parecía.

A pesar de todo su dolor y sufrimiento, cuando llegó el momento de irse de regreso a su casa la única palabra que dijo fue que le llamaran por Mara y que Dios el Todopoderoso la había puesto en amargura, después de esas palabras no hubo nada más.

Algo bueno había para ella, fue restaurada a través del recurso que Dios le proveyó que fue su nuera Rut.


Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel; el cual será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos. Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo, y fue su aya. (Rut 4: 14-16).


Jehová Dios hizo misericordia con ella, a través de su nuera, le dio descendencia. Tomó a su “hijo” como dice el verso citado, y fue su cuidadora. El nombre de ese niño fue Obed que significa: *Siervo, trabajador.


Nosotros podemos ser restaurados como Noemí, sólo con el toque de Jesús  y permaneciendo unidos a Él, encontraremos la sanidad a nuestra alma, en oración buscándole y pidiéndole que nos restaure, que nos redima, que nos haga hombres/mujeres sanos desde la mente y el corazón para que se refleje por fuera en todo lo que hagamos.

En el proceso de restauración hay un elemento importantísimo llamado Perdón. Aleluya!

La falta de perdón es veneno, muerte para nosotros mismos.

Lo mejor que podemos hacer es decidir perdonar: perdonarnos a nosotros mismos, perdonar a los demás. Es un proceso de reconciliación primero con uno y luego con el resto. Por lo tanto Dios nos perdonará, y las oraciones no tendrán estorbos. 


Hasta aquí amad@ como dicen los evangelistas me ayudó el Señor, tendremos una segunda entrega no te la pierdas! 

Esperando que arroje luz a nuestro andar en este camino de Dios! 

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