12/9/13

El agua amarga de mara


 Es un tema para la educación cristiana y edificación de la fe, enfocando la amargura en uno de sus puntos externados en el ser humano



Tomaremos como punto de partida: 

E hizo Moisés que partiese Israel del Mar Rojo, y salieron al desierto de Shur; y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua.
Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.
 Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber?
 Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron. Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó;
 y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.
 Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas.
(Éxodo 15:22-27)


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Dios te continúe bendiciendo!!

Vamos a analizar este pasaje biblico, que si bien es cierto lo vemos que fue para aquella epoca, también nosotros hoy día pasamos por esto y que es? El desierto, la amargura, lo que nos lleva a la amargura.

Este texto es muy versatil en sus interpretaciones, pero la que nos compete hoy va en un punto, la amargura que puede ser por un momento dado o circunstancia, la cual es igualmente de peligrosa que la que se produce por una tristeza y se queda largo tiempo alojada en el interior de nosotros.

Acompáñame a darle un vistazo!!


Qué es la amargura?

La amargura la podemos entender como tristeza o disgusto. Estado de disgusto o pesar prologando por no obtener lo que se quiere. La amargura es un resentimiento que guardamos en nuestro ser. Es como un “pendiente” con algo o alguien que no está resuelto.

En este contexto el pueblo de Israel atravesaba el desierto, estaban en marcha, llegaron a Mara (que significa amargura).  Por lo que podemos decir que el pueblo sentía disgusto (pasajero) porque cuando la necesidad fue satisfecha volvieron a estar en paz.

Hay varios puntos que podemos tocar de este pasaje:

  • El desierto, efectivamente el pueblo de Israel estaba atravesándolo. Hoy día en su concepción más natural el desierto es sinónimo de proceso. A cada quien le toca un desierto diferente, Dios nos priva de algunas cosas para probar lo que hay en nuestro corazón, después de la prueba, valoramos más aquello que tenemos, nuestro carácter se forja a semejanza de Cristo. Dios puede hacer amargo nuestro desierto para que acudamos a Él. 
 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos (Dt 8:2).


  • El pueblo de Israel llamó a las aguas Mara, porque no podían beberla, era amarga. La amargura se manifestó como un disgusto porque no podían beber el agua. Había una necesidad real, la sed. En el desierto que atravesamos tenemos necesidades reales, como la sed en el caso de este pasaje. Cuando sentimos la necesidad y no podemos satisfacerla, sentimos disgusto, impotencia, sale la rebeldía, por lo tanto sale lo que siente nuestro corazón. En el desierto se revela el verdadero carácter de cada quien.
Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná,…. (Dt 8:3)

Por qué pasar por la aflicción de las necesidades reales? Para que aprendamos que el hombre/mujer también vive de la palabra que sale de la boca de Jehová.


  • A pesar de lo doloroso o frustrante que sea el desierto,  cuidémonos de no llegar al pecado. Después que el pueblo vio que no pudo beber agua, fueron  y murmuraron contra Moisés. Te suena familiar?  Muchos de nosotros cuando nos encontramos en la escasez murmuramos, nos quejamos, y si no tenemos cuidado pecamos de una forma muy fea. Qué hacemos? Tener dominio propio. Es cierto que en el momento puede suceder cualquier cosa, pero podemos aprender a tener dominio propio para refrenar nuestra lengua y todo nuestro ser del pecado. Cuando nos sentimos así, decimos palabras que pesan y luego el Espíritu Santo nos redarguye y llega el arrepentimiento y pedir perdón. Resistid la tentación.
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman (St 1:12).
También diría bienaventurado el varón/varona que soporta la prueba y la vence en el poder del Espíritu Santo de Dios.


  • Moisés clamó a Dios! Una de las cosas que aprendemos en el desierto es a clamar al Dios del cielo y de la tierra. Clamar es gritar con voz al cuello, es pedir algo con vehemencia, se pide la ayuda y el favor de Dios. El hijo de Dios clama por la ayuda, misericordia, por algo en especial a Dios.
Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces (Jer 33:3).

Diríamos pero eso fue a Jeremías!! Sí fue a él, pero Jesús en el NT les enseño a sus discípulos a buscar a Dios en oración.


  • La provisión de Dios no se hizo esperar, Jehová le mostró un árbol a Moisés con el cual las aguas se endulzaron. Todavía en el desierto con la necesidad, y el clamor a Dios, El proveyó. El tiempo de respuesta sólo Dios lo tiene en control. Como hijos de Dios hagamos nuestra este verso, Dios provee, es difícil contrarrestar la realidad con la verdad, pero se puede! Se muestra el carácter del Dios Santo: misericordia, deidad, amor, paciencia.
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mt 7:11)


  • Dios nos recuerda las reglas en el desierto. Después que las aguas fueron endulzadas, Jehová Dios les recordó que si oyeren su voz y guardaran sus estatutos no enviaría las enfermedades con las que atacó al pueblo de Egipto. Nosotros ya tenemos los estatutos de Dios inscritos en el corazón, cercana a la mano que es la Biblia. Guardad la palabra en todo tiempo, en el tiempo del desierto como en el tiempo del refrigerio.
 Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos (Pr 3:1).



Antes de concluir, es bueno aclarar que el desierto de nuestro pasaje de estudio fue causado por la rebeldía y dura cerviz del pueblo de Israel, que podría decirse que en algunos casos cuando entramos a un desierto es bajo nuestra responsabilidad.
Ahora bien hoy otro desierto en el cual somos llevados por el Espíritu Santo para prepararnos a lo que Dios quiere que nos enfrentemos.  Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo (Mt 4:1).


En su obra Comentario de la Biblia, Matthew Henry comenta lo siguiente:  “Aun los creyentes verdaderos será tentados, en momentos de aguda prueba, a afanarse, desconfiar y rezongar. Pero en cada prueba debemos echar nuestra preocupación sobre el Señor y derramar nuestros corazones ante Él. Entonces hallaremos que una voluntad sumisa, una conciencia pacífica y los consuelos del Espíritu Santo volverán soportable a la prueba más amarga, hasta agradable, sí.”


Finalmente, las aguas de Mara y el desierto son prototipo de lo que cada hijo de Dios vive hoy día, que es su proceso y sus necesidades de cualquier índole, para probar lo que hay en nuestro corazón, tenemos la ayuda y el consuelo del Santo Espíritu de Dios que mora en nosotros. Pero cuidémonos de entrar al desierto por nuestra propia voluntad es mejor ser instados por el Espíritu Santo porque juntamente nos dará la salida.  Es mejor desechar toda clase de enojo, resentimiento, etc; clamemos a Dios que El responderá!


Paz y gracia! 

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