24/3/14

La verdadera ganancia


La verdadera ganancia




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Dios te bendiga maravillosamente!



En el post de hoy tenemos una muy buena enseñanza, basado en las palabras escritas por el Apóstol Pablo a los Filipenses.



Manos a la obra!



Texto base:

Yo mismo tengo motivos para tal confianza. Si cualquier otro cree tener motivos para confiar en esfuerzos humanos, yo más: 5circuncidado al octavo día, del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa; en cuanto a la interpretación de la ley, fariseo;  en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, intachable.
Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo.  Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por El lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo (Filipenses 3: 4 al 7 NVI).


Según el contexto el Apóstol Pablo le escribe a los filipenses con un buen mensaje de fortaleza.

Esta breve lectura nos enseña que:



En nuestra vida secular cada quien se esfuerza por mejorar y ser alguien en un mañana. Con nuestros esfuerzos llegamos a tener bienes  físicos, títulos académicos, reconocimiento de rango y/o autoridad, llegamos a construir grandes fortunas.

Muchas veces el tener tantos bienes y lucir de acuerdo a lo que tenemos, nos lleva a basar nuestro valor como personas en ellos.

Puede causar en nosotros sentirnos superior a nuestros semejantes, dando como resultado el orgullo, la vanagloria, amor al dinero, superficialidad, y el fortalecimiento del “yo”.

Podemos llegar a creer que tenemos todo el control de las cosas en nuestras manos.  Y que si tenemos lo suficiente podemos comprar la “salud”, “felicidad”, “amor”, “atención”, si fuera necesario.

El entendimiento está entenebrecido. Porque llegamos a tener más amor por las cosas, que por el hacedor de ellas.

A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. (Romanos 1:21).

Pero acontece que cuando conocemos de Cristo, nuestra visión y percepción de las cosas cambian.

Por qué cambian?

Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo. (2 Corintios 5:17 NVI).

Porque ahora somos nuevas creaturas, el esfuerzo que hacemos es someternos en obediencia a Dios, y lo correcto que debemos hacer es confrontar toda situación que nos acontezca con la palabra de Dios.


Dice el Apóstol Pablo que todas las cosas le son licitas pero no todas convienen.

Todo me está permitido, pero no todo es para mí bien. Todo me está permitido, pero no dejaré que nada me domine. (1 Corintios 6:12, NVI).

Una vez que empezamos a ir caminando en la rectitud de la palabra, nos damos cuenta que somos muy “yoistas”  y que basamos nuestra vida, esperanza en los “bienes materiales” porque confiamos en nuestros “propios esfuerzos”. 


Entonces El Señor inicia un proceso de renovación en nosotros desde nuestro interior, el cual abarca:

Nuestros pensamientos.
Cómo pensaba antes y cómo  pienso ahora?
Nuestras acciones:
Cómo actuaba antes y cómo actuó ahora?
Nuestras emociones:
Qué emoción se originaba en mí antes y qué emoción se origina en mí ahora?

Es mediante este proceso de renovación, quebrantamiento que Dios nos cambia en todas las dimensiones y somos movidos a arrepentimiento y confesión de pecado.

Cómo así? Si ya acepte a Cristo, como es qué confieso mis pecados?

Cada vez que el Espíritu Santo trabaja en nosotros para convicción de pecado, es porque nosotros muchas veces estamos “ajenos” a ello, y necesitamos que esa área sea restaurada.

Cada vez que reconocemos que tenemos pecado o que hemos pecado, necesitamos hacer un acto de reconocimiento, arrepentimiento y confesión para obtener el perdón de parte de Dios.

Dios tiene tanta misericordia de nosotros que permite que su Espíritu Santo nos ayude a reconocer en dónde estamos mal y de esta manera Cristo entra a sanarnos haciéndonos verdaderamente libres.


Ya no confiamos en nuestra propia fuerza, más bien ahora nos bastamos en la Gracia de Dios y en el poder del Espíritu Santo.

Pero la pregunta tal vez que surge:

Tener……… (x,y, z) es malo?

En sí mismo no es malo. Lo malo es cuando damos uso inadecuado y no somos buenos administradores de lo que hemos recibido. Y no ayudamos a quien necesita.

El Apóstol dice: todo lo tengo por basura.

Qué nos enseña esto?

Que vivamos una vida sencilla, sin alarde de “nuestros esfuerzos”, que no nos aferremos a las cosas que se quedan mientras nosotros volvemos al polvo de donde fuimos creados.

La mejor ganancia que tiene todo aquel que cree en Cristo es la salvación de su alma, tener vida eterna y morar en la nueva Jerusalén que nuestro Señor Jesús establecerá.


Entonces si miramos hacia la eternidad, qué tiene más valor?

Reitero que el tener, el vivir bien o cómodo, no es malo, pero que esto no se convierta en lo número uno en nuestra mente y corazón. Lo primero debe ser amar a Dios con toda nuestra mente, fuerza y corazón.

Mateo 6:33 nos insta a:
Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. (NVI).


Finalmente amad@ dice la Escritura que todas las cosas son posibles para Dios. Podemos vivir alimentando nuestro espíritu, vivir como humanos que somos y disfrutar del bien sin relación al pecado.

Si nos comparamos con otros más desposeidos, cuál sería la mejor ganancia?

Paz y Gracia.



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