13/11/13

El amor y el mundo


El amor y  el mundo



Muchas bendiciones de parte de Dios a tu vida!

Para hoy, te invito a que me acompañes en esta pequeña reflexión acerca del amor y el mundo.  Qué puede significar estas palabras para nosotros.



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Tanto hemos escuchamos hablar del amor y del mundo. Lo veremos así desde dos perspectivas:

El amor y el mundo en el creyente.
Y el amor y el mundo en el no creyente.

Ahora bien:

El amor y el mundo en el creyente.

Qué significa esto?



El amor es amor, es sinónimo de hacia dónde o qué o quién ponemos nuestro interés. Para el creyente en Dios su amor debe estar en el reino de los cielos, el amor es hacia Dios y hacia todas las cosas de Dios, el amor del hombre/mujer que ama a Dios en sus formas integrales lleva su orientación hacia el Padre Celestial, si amamos a Dios amamos a su Hijo Jesús.

Dios ha puesto en el hombre eternidad. Esa sensación de vacío que podemos experimentar en cualquier momento de nuestras vidas, no lo llena los elementos materiales: automóvil, casa, títulos académicos, estatus social, entre otras, estos llenan el corazón del hombre por un espacio breve de tiempo, el vacio sólo se llena con Dios de forma permanente.

A pesar de que nos puedan hacer falta muchas cosas en cualquier aspecto de la vida, si estamos llenos del Espíritu Santo de Dios, ya vamos ganando, si nos ocupamos de las cosas de Dios con carácter, Dios se ocupará de las nuestras con carácter también.

El mundo es el mundo. El creyente está en el mundo pero no hace (o no debería) hacer las cosas del mundo. 
Hay una realidad:

Existe un bombardeo constante de medios publicitarios en todas las dimensiones: para tener buen cuerpo, éxito, fama, los mejores celulares, los mejores vestidos/trajes, ser rico a una edad temprana, nos crean las necesidades de consumir y tener cosas y tantas cosas más. Ante esto la lucha es constante para aquel que quiere agradar a Dios y guardar su palabra.

En el mundo el creyente encuentra todos los tipos de placeres, actos indebidos, envidias, celos, traición, mentira, engaño, ganar éxito a causa de la destrucción de otro, que podríamos resumirlo en el pecado, lo cual nos separa de las manos de Dios. Para el creyente el mundo representa el lugar de donde Dios le ha sacado espiritualmente para que pueda vivir una nueva vida en abundancia en el conocimiento de la verdad que es Cristo, dándose cuenta de cuál es la voluntad de Dios para la humanidad y para cada uno en particular.

Por esto el hijo de Dios no puede amar al mundo y a Dios al mismo tiempo. Porque si ama al mundo es como amar al pecado y Dios aborrece el pecado pero ama al pecador. Es decir, Dios nos ama  a nosotros pero no lo que hacemos cuando estamos sin Él.

El amor y el mundo para el que ha nacido de nuevo en Cristo Jesús, significa que su amor y voluntad ahora se la dedica a Dios y todo lo que tiene que ver con Dios. Ahora bien, no es que el hijo de Dios no disfrute de las maravillas que ha hecho nuestro creador, no es eso, es que ahora todo lo que disfruta le da gracias a Dios por ese regalo.



El amor y el mundo en el no creyente


 Qué significa?

El amor es amor. El amor del no creyente muchas veces es condicionado, es dar esperando (casi obligatorio) recibir algo a cambio.

En dónde está, o qué o quién está el amor del no creyente?

Su amor está en donde está su corazón, en todas las cosas que considera para sí mismo como buenas, en quién considera que es merecedor de su amor y voluntad.

El amor de quien no tiene a Cristo está orientado hacia las cosas de este mundo, según la Biblia el gobernador de este siglo es el enemigo de Dios, quien se opone a que las almas no alcancen la luz verdadera que es Cristo. El príncipe de este siglo es el padre de mentiras, quien se dedica a matar, destruir a dividir.

El amor del no creyente muchas veces es depositado en la casa que tiene, en el buen cuerpo que tiene, en el éxito que tiene, en la belleza que posee. Si nos damos cuenta todas estas cosas son pasajeras. Aun una casa que tengamos, no la podemos echar en el ataúd para que se vaya con  nosotros, ésta se queda, y sabrá Dios a la final, quién será que viva y disfrute la casa.

Es duro admitirlo pero el que no cree en Dios, practica el pecado. Por qué duro admitirlo? Porque Dios quiere que todos nos salvemos, que todos procedamos al arrepentimiento para perdón de pecados.

El enemigo de las almas, se encarga de cegar el entendimiento de las personas, y lo que hace es que pone carga en el hombre/mujer, llevando a que no tengamos tiempo para relacionarnos con Dios, si nos fijamos bien con el tren de la vida, el trabajo y las largas horas de jornada, luego los estudios, los hijos, o la “vida social”, la pareja, los planes a futuro, “el construir tu presente”, la economía que nos afecta a todos,  todas estas son cosas que nos mantienen ocupados y cuando queremos hablar con Dios ya es tarde, porque estamos cansados.

Es triste pero muchas veces ponemos el amor y confianza en todas las cosas y personas menos en Dios. Esto hace que el mundo sea el dios del no creyente; pero lo mejor es que Dios siempre está presente, nos espera, nos anhela, nos ama.

Sabes algo?

Dios nunca se cansará de buscarte, de decirte lo importante que eres para EL. Nunca se cansará de recordarte todas las cosas maravillosas que tiene para ti y para mí.


Todo lo que existe fue creado por Dios. Tú y yo fuimos creados por Dios.

Finalmente amad@:

Si le sirves a Cristo, te animo a que te aferres más a Él, tengamos animo que ya falta menos que al principio, pide siempre fuerza al Dios del cielo para seguir adelante, fortaleciendo la fe.

Si no le sirves a Cristo, te invito a que lo dejes entrar en tu corazón hoy, Dios siempre está dispuesto a recibirnos, por más hechos vergonzosos o de dolor que haya en tu vida, Dios te ofrece una mejor en el amor y fidelidad de Cristo Jesús.


Dios ha prometido en su palabra, que nunca nos dejará solos. Y aunque en un poquito no le sentimos El está presente, siempre presente.


No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.  Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. (1 Juan 2: 15, 16).


Paz y Gracia.

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